Los Charcos no es una playa de arena. Es una franja de roca volcánica al norte del casco urbano de El Cotillo donde el mar ha esculpido pozas naturales de agua transparente. Algunos años el oleaje las ensancha, otros las reduce. El océano decide.
Se llega a pie desde el apartamento en menos de diez minutos siguiendo la costa hacia el norte. No hay señales. No hay chiringuito. No hay aparcamiento organizado. Eso filtra bastante.
El agua en las pozas está protegida del viento y del oleaje, lo que la hace ideal para bañarse incluso en días de mar movido. La temperatura es siempre unos grados más cálida que la del mar abierto. En los bordes de las rocas crece una vegetación costera de color verde grisáceo que no existe en ningún otro punto de la isla — o al menos eso nos parece a nosotros.
Ir temprano, antes de las diez, es la única recomendación que damos. Después, el sol ya calienta las rocas negras y el reflejo es intenso. A primera hora la luz llega en diagonal y las pozas tienen un color que no tiene nombre exacto en ningún idioma.