El Faro del Tostón lleva encendido desde 1897. Está a poco más de un kilómetro al norte de El Cotillo, al final de una pista asfaltada que bordea la costa volcánica. Se llega en coche, en bicicleta o a pie si el viento acompaña.

Lo que sorprende al llegar es la escala. Es un faro de tamaño medio, pintado en rojo y blanco, rodeado de edificaciones bajas de cal. El océano se ve desde los cuatro lados. En días claros — que son la mayoría — se distingue el perfil de Lanzarote al norte.

En el interior funciona el Museo de la Pesca Tradicional, pequeño y bien cuidado. Explica cómo se pescaba en esta costa antes de que llegara el turismo: las embarcaciones, los aparejos, los calendarios de pesca según el viento y la luna. Es un museo que no intenta impresionar — solo documentar. Eso lo hace más honesto que muchos.

Recomendamos ir a última hora de la tarde, cuando la luz incide lateralmente sobre las rocas negras y el faro empieza a encenderse. La vuelta al pueblo a pie, por la costa, con el sol cayendo, es uno de esos recorridos que se recuerdan.